UNA SESIÓN DE TERAPIA

Soy yo de adulta, en la actualidad. En mi sueño es mi casa, pero tiene una “habitación oculta” dentro del salón. La puerta está abierta, sale luz del interior. Y yo estoy ante esa puerta mirando a una niña de unos siete años que está dentro y con la que voy a librar una batalla. Es pequeña, pero extrañamente tiene cabellos de vieja, la melena de una mujer de edad avanzada, larga, ondulada, revuelta, despeinada, en un color mayormente grisáceo por las canas que empiezan a imponerse al color original. Un cabello que en pocos años será completamente blanco.

Siento miedo, ese miedo que se tiene justo antes de abrir una puerta, o subir a un tren hacia un destino que no te gusta, o a hacer esa difícil llamada que ya no puedes posponer más. Ese miedo que encoge algo dentro del pecho, como si el corazón o el estómago fueran una esponja que un puño invisible estuviera estrujando. Pero tengo que entrar, tengo que entrar y luchar con esa niña de cabellos grises.

Tengo la sensación de haber soñado muchas veces con ese cuarto, de haber librado más veces esa batalla. Y pienso, durante mi sueño, que hacía como cinco años que había conseguido encerrar ahí a mi Monstruo y clausurar la puerta. Pero ésta se ha vuelto a abrir y toca volver a librar batalla porque no voy a dejar que asome de nuevo. Entro resuelta en la habitación, no voy a dejar que gane la niña, no lo voy a consentir. Estoy muerta de miedo pero yo no voy a permitir que salga. Luchamos, forcejeamos, nos sujetamos las manos como en esos combates de Judo donde se agarran de las ropas y se vigilan los movimientos del oponente. Sus cabellos grisáceos se despeinan más si cabe.

No se cómo pero gano el combate sin dañar a la niña, ella desaparece y salgo de la habitación. Desaparece la puerta. Hay una amiga conmigo en ese salón (ignoro quién es, no hay un equivalente real) Ella ha presenciado el combate y me felicita efusivamente por mi valentía. Yo me siento exhausta y sorprendida, y mientras mi amiga me abraza admirando lo valiente que he sido y lo bien que me he defendido, yo sólo puedo repetir: “Si, gracias, pero… ¿Has visto? ¡Tenía pelos de vieja! ¡Cabellos de vieja!”

Parece que sólo ha sido el primer asalto. La puerta está abierta de nuevo y yo de pie ante el quicio de nuevo. Vuelve a salir un resplandor del fondo de la habitación y empiezo a distinguir, recortada a contraluz, la figura de un oso. Un enorme y espantoso oso negro como el carbón que, erguido sobre sus patas traseras, emite un rugido feroz. Vuelve el miedo. Prácticamente me paraliza el terror que siento, apenas me puedo mover. El oso empieza a caminar hacia la puerta y eso es un resorte para moverme: “No, no me da la gana, tú no vas a salir de ahí. No lo voy a consentir”, pienso mientras doy un paso hacia el interior de ese cuarto y me quedo inmóvil en la puerta tapando la salida del oso que me dobla en altura y sigue avanzando hacia mí.

No sé por qué, pero ahora tengo la sensación, en mi sueño, que el oso no me va a poder tocar, como si yo estuviera rodeada por una barrera mágica que impidiera que pudiera acercarse más allá de cierta distancia. Y, efectivamente, a medida que da pasos en mi dirección, el oso empieza a transformarse en un lobo igual de amenazador que avanza hacia mí pero al que ya no temo. Estoy convencida que desaparecerá si me toca. Cuando está tan cerca que casi podía admirar los detalles de su bello pelaje pardo se diluye y desaparece. Mi amiga vuelve a felicitarme: “¡Dios, qué valiente eres!”
Entre los nuevos vítores de la desconocida amiga del sueño desperté sobresaltada, sorprendida. Eran sobre las cinco de la madrugada y el sueño había sido tan vívido y tan revelador, que me despejé tratando de retener toda la secuencia de imágenes en mi memoria. Repetía el sueño en mi cabeza una y otra vez negándome a volver a dormir para no olvidarlo. Estaba convencida que ese sueño significaba algo, algo importante. No debía olvidarlo, se lo tenía que contar a mi psicoterapeuta en la siguiente sesión de terapia. Entonces tomé la decisión de levantarme a escribirlo. Aquí lo has podido leer.

Psicoterapeuta: Bien, vamos a trabajar el sueño. Cierra los ojos, respira hondo un par de veces e “introdúcete” en la mente de esa niña. Eres la NIÑA. ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué luchas con la MUJER? (con mi “yo” adulta) Deja que sea tu mente la que te lleve, no planifiques, di lo que te viene a la cabeza en este instante. ¿Qué sientes?

Tras relajarme con los ojos cerrados y respirar (sólo escucho la voz de mi Psico) logro meterme en el papel de la niña de mi sueño.

Yo NIÑA: Quiero defenderme. Tengo miedo. Me siento amenazada.

Realmente estaba reviviendo el sueño, estaba sintiendo que era LA NIÑA, sentía su miedo, su angustia… Fue una sesión muy intensa en la que “interpreté” varios papeles y me introduje tanto en ellos que realmente me sentía tal y como lo describo. Era como una sesión de hipnosis en la que era consciente de ser yo la hipnotizada.

PSICO: ¿La MUJER quiere hacerte daño?

Yo NIÑA: No, creo que no. Pero me ha asustado, me asusta que sea mayor, que me riña… Tengo miedo… (Estoy asustada, la MUJER me mira… ¿Me estará juzgando? ¿Me castigará?) Los adultos siempre me dan miedo.

PSICO: Abre los ojos un momento. ¿Qué descifras de esta parte del sueño?

Yo había interpretado de mi sueño, en un principio, que luchaba con mi Niña Perdida, con mi niña interior, como si aún tuviera un conflicto con ella. Pensé que tras estos años ya no habría tal conflicto, que yo ya quiero y protejo a mi Niña Perdida, pero está claro que aún me quedan cosas por pulir. La habitación sin duda guarda todos mis miedos, mis Monstruos (El oso, el lobo…) que había logrado encerrar allí, y ahora no se porqué han intentado escapar. Supongo que porque al retomar la terapia se revuelve todo. Así se lo dije a mi Psicoterapeuta.

PSICO: “¿Por qué tu Niña Interior está en la habitación? ¿Por qué peleas con ella?” (Me quedé sin habla, no supe qué responder) “¿Te das cuenta que es posible que te esté pidiendo que la rescates? ¿Te das cuenta que no la dejas salir?”.

Increíblemente yo no me había percatado de ese detalle. Si la habitación son mis miedos, ¿Qué hace mi Niña Perdida allí? Entonces me mandó volver al sueño, volver a cerrar los ojos y respirar profundamente.

PSICO: Ahora eres el OSO. Entra en la mente del OSO. ¿Qué quieres?

Yo OSO: Soy un oso terrible y quiero morder a la MUJER, quiero asustarla, que me tenga pánico. Quiero devorar a la MUJER.

PSICO: Pero los osos son amorosos, son grandes madres, sólo atacan sin se ven en peligro… ¿Cómo es tu OSO?

Yo OSO: No, yo soy un macho solitario, soy un oso negro con malas pulgas que sólo quiero comerme a la MUJER. (Siento odio, un odio atroz. En ese momento habría arrasado con la MUJER del sueño y todos los muebles del salón)

Mi terapeuta me pidió un receso, que abriera los ojos por un momento para “salir” del oso y poder seguir mi viaje por mi sueño. Recuerdo que bebí un poco de agua antes de volver a cerrar los ojos.

PSICO: Ahora eres el LOBO. ¿También vas a devorar a la MUJER? ¿Qué sientes?

Yo LOBO: No, no quiero devorar a nadie… no sé que hago aquí…

PSICO: ¿Qué es un lobo para ti? ¿Qué hace un lobo como tú en esa habitación?

Yo LOBO: Soy un animal para defensa. Vivo en manadas y ellos son mi familia, y yo defenderé a mi manada hasta la muerte si me lo piden. (En ese momento siento ira, rabia, Le partiría la cara a alguien por defender a mi gente. Me imagino poniéndome delante de alguien que está a punto de que le peguen o le hagan daño con un arma, y me imagino ponerme delante sin que me importe si me hacen daño a mí o no) No se qué hago aquí. El OSO me ha enviado a atacar a la MUJER y yo sólo quiero irme de aquí, no quiero morder a nadie, sólo irme. No se porque el OSO me está instigando contra ella…. (Me angustio, sólo quiero salir de ahí, el OSO me empuja aunque ya no le vea. La MUJER me tapa la salida, y no la quiero morder, me escabulliré entre sus piernas…)

En este punto de la sesión pensé que abordaríamos el porqué mi lobo se diluyó al acercarse o porqué mi niña tenía los cabellos de una mujer mayor. Pero en lugar de eso, mi psicoterapeuta me pidió que cerrase los ojos e imaginara a mis cuatro personajes.

PSICO: Por lo que tú misma has descrito, Tu niña está sola con un oso y un lobo. Tiene miedo y sólo quiere salir de ahí. Tu oso sólo quiere destruir. El lobo tampoco quiere hacer daño pero atacará a aquel que le dañe o dañe a los suyos. Y la mujer está lidiando con todos ellos. ¿Crees que son enemigos?

Ahí me di cuenta que en realidad el único enemigo potencialmente peligroso era el OSO. Cuando me vi en él sólo sentí odio y ganas de someter a todos bajo mi miedo y así se lo dije a mi terapeuta. Ella me pidió que volviera a esa habitación y los visualizara a todos desde mi “yo” adulta, desde la MUJER en la puerta. (Por cierto, que en ese momento ya veía a la NIÑA con su pelo de niña, una melenita corta con flequillo)

PSICO: ¿Ves a la NIÑA? Está sola, está asustada, te tiene miedo, no entiende nada y teme todo lo que le rodea porque está sola con un lobo y un oso. ¿Recuerdas cuando tú tenías mucho miedo de niña, cuando todo el mundo decidía por ti y no sabías porqué volvías con tus padres o con tus Padrinos? Piensa, ¿Qué le dirías? ¿Qué crees que ella respondería? Habla con ella… Haz que ella hable…

Entonces empecé a entender el objetivo del ejercicio. Tenía que rescatar a mi niña que aún seguía encerrada con los monstruos… Me inundé de emoción e intenté conversar con mi Niña Perdida.

Yo MUJER: No te asustes pequeña, ahora entiendo… Yo no pretendía dejarte aquí… Llevamos tiempo hablando, pero todavía sigues ahí…

Yo NIÑA: No me hagas daño, sólo quiero que me quieras, que me protejas, sólo necesito tu abrazo y que me defiendas…

Me hundí a llorar. En ese momento estaba en completo contacto con mi Niña Perdida. Sentía todo el miedo que sentí de niña, todo el dolor y la angustia por los que pasé. Tardé un buen rato en recomponerme.

PSICO: ¿Y el LOBO? Yo creo que el LOBO es tu valor, tu entereza, lo que ha hecho que esa niña sobreviva tanto tiempo.

Estuve de acuerdo. Desde niña llegué a tener miedo de mí misma, de mi valor, por eso a penas lo utilizaba. Hasta ahora nunca me he atrevido a defender mis propias ideas y creo que el miedo que la NIÑA del sueño tenía al LOBO lo reflejaba perfectamente.

PSICO: Dime, continúa tú el sueño, qué haces, qué dices, que crees que ocurrirá? Recuerda dejar volar tu mente, lo que sientas que ocurre, lo que te venga a la cabeza…

Yo seguía con los ojos cerrados (creo que pasé la sesión con ellos cerrados) y lo visualicé: Tomé a la niña de la mano y la saqué de la habitación.

Yo MUJER: LOBO no te vayas, te necesitamos, ayúdame a defender a la NIÑA. La has defendido tanto tiempo… quédate con nosotras. ¡Juntos venceremos! NIÑA, no te preocupes, estoy aquí y el oso no puede salir de donde está, nos protege la magia y el LOBO.

Rompí a llorar de nuevo, esta vez de manera más sonora. Me visualicé de la mano de mi niña, me visualicé dándonos los tres la vuelta y mirando desde el salón de mi casa hacia esa puerta mágica donde vivía el OSO, el Monstruo, los abusos. Juntos venceremos, lo se. ¡Dios! ¡Cómo lloré en ese momento! Pero no llanto de tristeza, sino de orgullo del deber cumplido. Ese llanto de los héroes tras una dura y larga batalla en la que sale fuera toda la adrenalina acumulada… Lloré de emoción.

Entonces dimos por terminada la sesión. Me dijo que quería que yo le diera vueltas al sueño y a su pregunta, y me mandó dibujar a la niña. La odié por mandarme eso. La expresión artística nunca ha sido mi fuerte, siempre he aprobado dibujo artístico por los pelos porque realmente te aprobaban sólo por hacer el trabajo, sin considerar si estaba bien o no. Pero la dibujé, y al final me sentí inspirada y dibujé esa “escena final” con mi “yo” adulta dándole la mano a mi “yo” niña y al lobo (aunque parece más un perro que un lobo) Tengo el dibujo enmarcado al lado del ordenador.

Ahh, por cierto, creo que la “amiga” del sueño que me da ánimos sois vosotros, los que leéis este blog y me animáis, los miembros del foro, la asociación, los amigos que conocen mi lucha y me apoyan. Durante la sesión llegamos a la conclusión de que para mí, el pelo es símbolo de opresión (de niña mis padres siempre me cambiaban el peinado -Melena larga, lisa, sin flequillo- y mis padrinos siempre me lo cortaban en una melena corta con flequillo –cuando no me lo tenían que cortar “a lo chico” por los piojos que traía siempre de casa de mis padres) Por lo tanto supongo que la primera imagen de mi niña con los cabellos de una anciana significaba que de alguna manera ella había "envejecido" encerrada allí, esperando, y sus cabellos estaban descuidados en contraposición a mi "yo" actual que procuro siempre que no se me mueva un pelo del sitio. Empiezo a tener mis primeras canas, y no me importa que se vean, pero trato de mantener mi corte actual muy cuidado y mi peluquera me ve todos los meses sin faltar ni uno. Imagino que eso es lo que proyecté.

Ésta ha sido una de mis sesiones de terapia más intensas y son todas de ese estilo. Me ha recordado mucho a esas sesiones de teatro terapéutico que tanto anhelaba tener y que me explicaron que se trataba de terapia Gestalt para trabajar en grupo. Yo la hago individualmente con una terapeuta.

Tras mi primera terapia en Salud Mental, que la Seguridad Social me facilitó con un psicólogo, decidí retomar la terapia pero a través de la asociación donde participo para trabajar esos “satélites” de mis abusos que también han sido trastocados por el trauma. Está siendo un trabajo personal duro, pero reparador. Gracias a esta ayuda me he enfrentado a temas que nada tienen que ver con los abusos, pero que eran producto de sus secuelas.

Hoy hace siete años que abrí este blog y muchas cosas han cambiado (parece que digo esto todos los años, pero es que cada año supero una nueva etapa) y todos los días agradezco haber dado el paso de enfrentarme a la sanación. No ha sido nada fácil (sigue sin serlo) pero no me arrepiento de ninguno de mis pasos. La niña temerosa encerrada con su Monstruo (el oso) y que se asustaba incluso de su propio valor (el lobo) porque creía que eso también era algo malo, se ha convertido en mí. Y yo hace mucho que utilizo mi miedo a mi favor.


“La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada.”
George Duby (1919-1996) Historiador francés.

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